Testimonio de Everth Bustamante, homenaje a Gabo: BITÁCORA DE UNA PAZ ANUNCIADA

En la noche del 19 de diciembre de 1989 despegué del aeropuerto internacional de Panamá, en medio de los primeros ataques norteamericanos a esa ciudad.

Durante las ultimas doce horas había intentado, infructuosamente, de convencer al General Manuel Antonio Noriega, que ante la inminencia de la operación militar norteamericana su única salida era aceptar la propuesta del exilio en Venezuela, ofrecida unas semanas atrás por el presidente Venezolano Carlos Andrés Pérez.

Este sería el último de un conjunto de acontecimientos entremezclados de la política nacional e internacional a los cuales fui arrastrado, frenéticamente, durante 75 días en mi condición de Secretario de Relaciones Internacionales del M-19. Todo se inicio el 5 de Octubre de 1989. Las montañas de Santo Domingo, en el Departamento del Cauca se convirtieron en la sede de la X Conferencia Nacional del Movimiento 19 de Abril, M-19. En ella, después de una votación, se tomó una de las decisiones más importantes, no solo para el M -19, sino para el país y sus implicaciones internacionales: dejar las armas.

GABO, UNA LUZ DE FONDO

Los hechos políticos en los que participé desde esa fecha y hasta el 19 de diciembre del 89, fueron el resultado de múltiples gestiones adelantadas por destacadas personalidades en distintas partes del mundo, pero en especial el producto de la acción de un hombre al cual no solo Colombia sino un gran numero de países de la comunidad internacional le deben reconocimiento, por su gestión silenciosa, sabia y prudente en beneficio de la paz y la tranquilidad de miles de seres humanos. Es un hombre que a lo largo de su vida siempre ha rechazado cualquier tipo de candidaturas y ofrecimientos políticos, aunque ejerza todo el poder de su influencia en los selectos salones de la política mundial. Esa especie de Canciller de la Paz universal se llama: Gabriel García Márquez.

A las nueve de la mañana del jueves 2 de noviembre de 1989 timbró el teléfono. Era Gabo y sin darme tiempo de nada me dijo; “ a las diez lo espero en mi casa” y colgó. El día anterior, en horas de la tarde, habíamos estado buscándolo en su casa de El Pedregal en Ciudad de México junto con Esther Morón, una de las fundadoras del M-19, pero solo pudimos hablar con Mercedes, su esposa, quien muy amablemente nos atendió y nos comento que el escritor se encontraba reunido en el Palacio Presidencial con el mandatario Carlos Salinas de Gortari.

A las diez en punto estaba parado frente a la casa de Gabo y de inmediato una empleada me invito a pasar a un confortable y amplio estudio que remataba en un precioso jardín. Extasiado, observaba uno de los centros de producción literaria con que cuenta el escritor a lo largo y ancho del planeta. De pronto, un contundente “maestro” me devolvió a la realidad de mi visita.

Nuestro Nóbel de literatura no solo es un maestro de las letras, sino tal vez el único colombiano ampliamente conocido en la política mundial. Mientras hablábamos de la situación en el país, constantemente la conversación se interrumpía para atender llamadas de dirigentes de diferentes partes del mundo. Por un fax, especialmente dispuesto para ello, recibía información desde Colombia y por otro, le llegaban comunicados desde Europa, el Medio Oriente, América Latina y Estados Unidos. Al cabo de una hora, asistiendo como testigo excepcional a un rápido recorrido por la política mundial, profundizamos en el tema de la paz y la guerra en Colombia. Le entregue la carta que desde Santo Domingo (Cauca) le enviaba Carlos Pizarro, en la cual le informaba en detalle sobre las circunstancias que finalmente habían sido tenidas en cuenta para concretar un acuerdo de paz con el Gobierno del Presidente Virgilio Barco.

Gabo leyó dos veces la carta y en medio de la felicidad que le produjo el conocimiento oficial de la decisión del M-19 de firmar la paz, me expreso su disposición total para trabajar en la conformación de una Comisión de personalidades internacionales que viajarían a Colombia para recibir las armas y ser garante del proceso, el cual todavía en ese momento, se veía afectado por las desconfianzas que se hacían publicas desde los editoriales de los periódicos mas influyentes del país. De inmediato tomo el teléfono y sucesivamente empezó hablar de le comunicación de Carlos Pizarro, con el comandante Fidel Castro, luego con Felipe Gonzáles, en seguida con Carlos Andrés Pérez, mas adelante con Francois Mitterand, con el presidente de México, con varios dirigentes de la Internacional Socialista en diferentes partes del mundo como Willy Brandt y Bettino Craxi y con los presidentes latinoamericanos Oscar Arias y Alan García. Después de una hora de conversaciones con estos lideres de la política mundial me cogió por el brazo y me dijo: “ahora nos toca ponernos a trabajar”.

Para la una de la tarde, me tenía organizado un periplo que a la semana siguiente me llevaría a La Habana para continuar hacia Caracas, Madrid, Paris, Londres, Estocolmo, Berlín, Ginebra, San José, Lima y Panamá.

Nuestro febril recorrido por el mundo solo terminó cuando mis hijas Mónica y Liliana irrumpieron en el estudio llamando a gritos a su papá, desesperadas por que llevaban cuatro horas solas esperándome en el automóvil estacionado al frente de la casa del escritor. Gabo las tomo de la mano, las sentó en el asiento del escritorio, saco un ejemplar de “El General en su Laberinto”, dibujo dos flores y les escribió una frase de amor y de esperanza por un propósito que ellas, dada su corta edad, todavía no podían comprender.

LAS REACCIONES Y LOS COMPROMISOS DE LOS LÍDERES MUNDIALES

Cuatro días mas tarde, el martes 7 de noviembre en las horas de la tarde, me encontraba reunido con un buen número de miembros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en la Habana, dándoles a conocer la decisión. A pesar de su fraternidad estaban muy escépticos y no tardaron en manifestar sus dudas sobre el éxito del proceso de paz. Sin embargo, fueron claros en expresar su total respeto al camino que tomáramos.

Esa noche, calurosa y llena de estrellas, estuvimos recordando en una terraza Habanera con su esposa Celina y su hija Liliana a Carlos Toledo Plata. Este hombre nacido en Zapatoca (Santander) y médico graduado en Argentina fue uno de los grandes del M19. Les conté como un día de julio de 1984, a las 5 de la mañana, me llamo desde Panamá a San José y simplemente me dijo; “ya no aguanto más, me voy para Colombia”. Conmovido e inquieto le insistí, nuevamente, que no incurriera en semejante despropósito. Las negociaciones con el gobierno de Belisario Betancur eran muy confusas y la pérdida de vidas aumentaba diariamente. Quince días más tarde, el 10 de agosto de ese año a las 7 y 45 de la mañana cuando se dirigía a la clínica de su propiedad, en Bucaramanga, un tiro lo mato. El dolor de este recuerdo se suavizó cuando llegaron Francisco Vargas y Olga Chavarro, dos zipaquireños miembros del M-19 y estuvimos allí hasta que las estrellas se nos perdieron con la luz blanca de la madrugada.

Sin haber dormido, viajé a Caracas el miércoles 8 de noviembre y apenas cuando estaba abriendo las maletas entró una llamada. Al otro lado de la línea estaba Gabo, quien gratamente sentencio: “duerma bien que mañana nos reunimos en Palacio con el presidente Carlos Andrés Pérez y la comisión negociadora que representa el gobierno colombiano”. No había terminado sus palabras cuando ya me encontraba sumergido en un profundo sueño. Al día siguiente, muy temprano encontré en el lobby del hotel a Rafael Vergara, nuestro representante en México, totalmente pálido y sin dormir, pues venia de Santo Domingo (Cauca) para asistir a la reunión organizada por Gabo, pero con el inconveniente que se le habían perdido los “papeles” viéndose obligado, por lo tanto, a entrar clandestinamente a Venezuela.

En la tarde de ese día me reuní con Gabo en la suite del Hotel donde se encontraba hospedado para ultimar detalles de los temas que serian tratados en el encuentro de la noche. A las ocho en punto de la noche, llegue acompañado de Rafael Vergara al Palacio de Miraflores. De inmediato nos hicieron pasar a una sala en donde encontramos a Gabo acompañado por el presidente Carlos Andrés Pérez. A los pocos minutos se hicieron presentes Rafael Pardo, que en su condición de Consejero dirigió las negociaciones de paz, Ricardo Santamaría integrante de su equipo y el Embajador de Colombia en Caracas, Gustavo Vasco. Después de intercambiar algunos chistes típicos de los dos países, el presidente Pérez destaco el papel de Gabo en la búsqueda de la paz y resalto la importancia nacional e internacional de los acuerdos. Mas adelante se introdujo en un análisis de las relaciones históricas entre los dos pueblos y expresó su decisión de comprometerse en el acompañamiento del proceso que se iniciaba.

Rafael Pardo hizo un recuento detallado de los aspectos fundamentales de los acuerdos y finalmente, antes de hacer un brindis, el presidente Pérez anunció algo que contagió de entusiasmo la reunión, “tal como lo he hablado con Gabo y varios Presidentes seguiré conversando con Willy Brandt para que acepte presidir la Comisión Internacional que reciba las armas del M19”. Gabo tomo la palabra y advirtió sobre los riesgos de una oposición a los acuerdos por parte de algunos sectores que desconfiaban de la sinceridad del M-19. Manifestó que conocía de cerca el pensamiento de Carlos Pizarro y de la mayoría de los dirigentes del movimiento y que por eso estaba seguro que se le cumpliría al país con lo acordado. Rafael Pardo asintió y dijo que después de haber conocido a la dirigencia del M -19 estaba convencido de su compromiso con el fortalecimiento de la democracia en Colombia y su diferencia conceptual con las guerrillas influidas por los movimientos comunistas. La velada se alargo en medio de un delicioso recorrido por los recovecos de la poesía, la literatura, la pintura y la política mundial. Al final, expresando mucho optimismo por lo que sucedería en los próximos días, nos despedimos del Presidente y nos fuimos a cenar con el embajador Vasco.

En esa noche Caraqueña, sabiendo que Gabo había estudiado el bachillerato en mi ciudad natal, intencionalmente le comenté que era de Zipaquirá. De inmediato advertí en su rostro el alumbramiento de sus recuerdos juveniles que se dispararon llenos de palabras y añoranzas por sus primeras inquietudes literarias y sus primeros amores. Años más tarde, leyendo sus memorias, comprendí adecuadamente la iluminación de su rostro y la importancia que tuvieron aquellos años en su vida de escritor.

Grandes acontecimientos marcaban la política mundial por esos días de noviembre. La caída del muro de Berlín, la definición de la guerra en el Salvador, la crisis del sandinismo en Nicaragua, los sucesos de Panamá, el proceso de paz en Colombia.

A las tres de la tarde del viernes 10 de noviembre me encontraba reunido en el Hotel con Teodoro Petkof, un dirigente de la izquierda Venezolana cuando, de pronto, entró una llamada. Al otro lado de la línea escuché a Gabo, era una voz emotiva, cargada de una razonable alegría y que me dejó casi paralizado por la sorprendente rapidez de los acontecimientos: “Tumbando el muro de Berlín, Willy Brandt aceptó presidir la Comisión receptora de las armas del M-19”. Efectivamente, esa satisfacción que transmitían las palabras del escritor estaban bien justificadas. Aquel 10 de noviembre encontrándose junto al alcalde Walter Momper, al canciller Kohl y al Ministro de Relaciones Exteriores Genscher y ante una masiva concentración de cientos de miles de alemanes convocados frente al ayuntamiento de Schoneberg, Willy Brandt en conversación telefónica con el Presidente Venezolano Carlos Andrés Pérez había aceptado dirigir la comisión internacional que sellaría los acuerdos de paz con el M-19.

Al día siguiente, Beatriz Rangel secretaria privada de la presidencia y con quien trabe una amistad llena de complicidades, ofreció una espléndida fiesta en la residencia de su padre Vicente Rangel. En medio de joropos y deliciosas bebidas conocí a este intelectual y periodista, uno de los más duros críticos del gobierno del Presidente Pérez. Al son de joropos y música caribeña amanecimos hablando de los sorprendentes sucesos de la política internacional.

Sorteada la primera etapa de gestión en busca de apoyos internacionales a los acuerdos de paz, todo parecía estar marchando exitosamente. Instalado en San José de Costa Rica nuevamente y sin saber como, Gabo me localizo telefónicamente. Sus llamadas eran como sus libros, venían llenas de sorpresas y suspensos tropicales. En esta ocasión sus palabras fueron fuertes: “se oponen, se quieren tirar la vaina, tienes que moverte rápido por que los sectores recalcitrantes no quieren la paz”. Se refería indudablemente a la fuerte oposición de personalidades como el ex presidente Carlos Lleras Restrepo y algunos periódicos de amplia circulación frente a los acuerdos que se estaban discutiendo con el gobierno del presidente Barco.

Ante esta situación, acordamos gestionar más pronunciamientos por parte de líderes y personalidades de la comunidad internacional para que expresaran su interés por la consolidación y cumplimiento de los acuerdos en marcha. Sus palabras fueron mágicas. Al día siguiente, miércoles 15 de noviembre en la mañana, me recibió el ex presidente Rodrigo Carazo en su despacho de la Universidad para la paz, quien me recomendó prudencia en el manejo de la situación y me dio algunos consejos en material electoral.

En la tarde, junto con Parmenio Medina, un periodista de origen colombiano muy apreciado en Costa Rica fuimos recibidos por el Nobel de Paz y Presidente de Costa Rica Oscar Arias, quien estaba muy preocupado por los acontecimientos sociales y políticos que se estaban viviendo en El Salvador y Nicaragua. Hizo un símil con la situación en Colombia y luego se introdujo en una exposición a fondo de lo acaecido en nuestro país. Al final manifestó su total apoyo a los acuerdos. Esa tarde los cables internacionales trasmitieron los pronunciamientos de poyo de los dos gobernantes costarricenses.

Al salir del Palacio Presidencial, y como siempre de manera sorpresiva, Gabo me localizó telefónicamente y muy contento me dijo: a las cuatro de la tarde, el Presidente Pérez hizo el anuncio oficial de aceptación por pare de Willy Brandt y la Internacional Socialista para recibir las armas en Colombia”.

EL PROPIO MURO DE NORIEGA Y LA PROPUESTA DE GINEBRA

Al día siguiente viajé a Panamá y contacte a Rafael Vergara, quien venia de entrevistar al general Noriega en el fuerte Bocas del Toro y Santiago de Paraguas, refugios a los que acudía cada vez que la situación se ponía tensa con los norteamericanos. Por los comentarios de Rafael me daba cuenta que Noriega parecía no percatarse del deterioro y debilitamiento en que había caído su régimen.

A la madrugada del viernes 17 volví de nuevo a Caracas. Apenas estaba conciliando el sueño cuando otra vez Gabo al teléfono… “levántate que el presidente te espera en Miraflores a las once en punto, porque al medio día tiene que estar en Maracaibo”. Somnoliento salí corriendo del hotel, la congestión vehicular y el calor eran desesperantes pero finalmente llegue a las once a la cita presidencial. En la puerta me esperaba Beatriz Rangel y de inmediato me invito a pasar al despacho del presidente. Aún no completamente despierto inicie la conversación con el Presidente Pérez, agradeciéndole la oportunidad del anuncio de la aceptación de Willy Brandt y la internacional Socialista, lo cual produjo un efecto neutralizador ante la creciente oposición a los acuerdos por parte de algunos diarios bogotanos.

Como me lo había solicitado comente mis apreciaciones sobre la situación de Panamá y el General Noriega, además le manifesté nuestro interés de hacernos presentes en la reunión del Consejo Político de la Internacional Socialista a celebrarse el 23 y 24 de Noviembre en Ginebra y sin vacilación alguna me hizo saber que de inmediato se comunicaría con las directivas de la Internacional en su sede en Londres para avalar nuestra presencia en la reunión de Ginebra. A punto de salir para Maracaibo, ordeno pasar a su despacho al general Ernesto Uscategui, a quien me presento como el delegado de Venezuela para hacer parte de la comisión internacional receptora de las armas.

Antes de salir a su viaje, el presidente me propuso que trabajara ese mismo día con Beatriz Rangel y sus asesores en todo lo concerniente a la propuesta que se presentaría oficialmente a la IS en la reunión de su consejo político que tendría lugar en Ginebra. Al salir de su despacho me tropecé con el embajador soviético en Caracas quien muy agitado deseaba hablar con el presidente sobre el rumbo que estaban tomando los acontecimientos en Centroamérica. La excitación del embajador soviético la entendí minutos más tarde cuando en compañía del doctor Marcel Salamín, un socialdemócrata panameño asesor del presidente, ingresamos a la oficina de Beatriz Rangel. Allí se encontraban los coroneles Alcalá Olaf y Rubén Aurelio Moreno, dos oficiales del ejercitó venezolano que habían sido encargados de coordinar todos los aspectos técnicos y de seguridad relativos a la conformación de la comisión internacional que debería ser aprobada por la IS en Ginebra.

Esta reunión fue en realidad una oportunidad privilegiada para seguir de cerca e intercambiar opiniones sobre los sucesos en El Salvador, Centroamérica y el caso colombiano. Secretarias, asesores, ayudantes, etc., constantemente nos interrumpían para informar sobre lo que sucedía en El Salvador y Centroamérica. Llegaban fax, se hacían llamadas, desde México hablaba Salvador Samayoa dirigente del Frente Farabundo Martí, y Beatriz Rangel primero discrepaba, luego asentía y al final quedaba medio perpleja ante la decisión del FMLN de no asistir a Caracas para la ronda de conversaciones con el Gobierno Salvadoreño. Entre tanto uno de los coroneles aseguraba que la ofensiva guerrillera en la capital era un acto desesperado y el otro afirmaba que si la guerrilla desbalanceaba a su favor la situación, los comandos especiales de los marines norteamericanos acantonados en Honduras intervendrían de inmediato para evitar una derrota del ejercito Salvadoreño.

Un conocido sacerdote venezolano llego al palacio para informar que se había solicitado la mediación Papal en relación con los hechos sucedidos el día anterior en El Salvador en los cuales resultaron masacrados varios sacerdotes españoles. En medio de esta agitación seguíamos trabajando y consultábamos telefónicamente a Gabo en relación con diferentes aspectos de la conformación de la comisión Internacional. Él no solo opinaba sobre este tema, sino sobre los sucesos en el Salvador, Nicaragua, y Panamá, ya que estaba en permanente contacto con todos los presidentes latinoamericanos preocupados con el desarrollo de los acontecimientos. A las ocho de la noche prácticamente teníamos elaborado el primer borrador y decidimos irnos todos a escuchar a Paloma San Basilio en su presentación del concierto VIDA. Después fuimos a cenar y estuvimos hasta la madrugada discutiendo si en Colombia era posible un escenario como el que se estaba presentando ese día en la capital Salvadoreña.

El día siguiente, sábado 18 de noviembre, Marcel Salamín me envió al hotel una copia del original del documento producto de nuestro trabajo del día anterior. Como necesitaba un duplicado solicité a un empleado del hotel que me hiciera una fotocopia mientras yo atendía otros asuntos. Estaba terminando de desayunar cuando por los altavoces anunciaron que tenía una llamada: “Hable con Felipe Gonzáles y ya todo esta listo para que pasado mañana te entrevistes con Helena Flórez en Madrid”, era Gabo con su infalible localizador telefónico que le permitía ubicarme en cualquier parte del mundo. Cuando el empleado del hotel regreso con la copia del documento, tranquilamente me pregunto si pertenecía al M-19, le respondí que si y más tarde cuando ya estaba en la puerta del hotel, a la espera del coche que me trasladaría al aeropuerto, me confeso que había leído el documento, que le había gustado mucho y que por lo tanto se había dejado una copia para si. Me dije a si mismo “mire donde quedan los secretos de estado”.

El lunes 20 de noviembre, al medio día, estaba sentado en el despacho de Santiago García Durán, subdirector de la dirección General de Iberoamérica del ministerio de relaciones exteriores de España, quien se encontraba junto a Víctor Fagilde, jefe del área de América del sur. Su director, Yago Pico de Coaña (quien años más tarde seria embajador en Colombia) se encontraba en misión de urgencia en El Salvador a raíz del asesinato de los cinco jesuitas españoles. Abraham Rubio portavoz del M-19 para España y Europa inicio la conversación informando sobre el avance de los acuerdos. Los dos altos funcionarios hicieron comentarios que dejaron ver un amplio y detallado conocimiento del tema. Víctor Fagilde nos cuestiono si no considerábamos muy ingenua nuestra apreciación sobre la perspectiva de paz y finalmente nos dio a conocer la decisión del gobierno español de dar todo el apoyo a los acuerdos y sus efectos una vez incorporados a la vida política legal.

A la 1:30 de la tarde llegamos a la calle Ferraz, sede del Partido Socialista Obrero Español, PSOE. Nos recibió Helena Flórez, Secretaria de Relaciones Internacionales con expresiones de satisfacción por la forma como avanzaban los acuerdos, comentó que Rafael Pardo la había llamado para tratar el tema de la Comisión Internacional, nos escucho atentamente y nos sugirió establecer contacto con varias organizaciones a fin de obtener apoyo para capacitar testigos electorales que pudieran vigilar eficazmente los comicios donde en el futuro participara el M-19.

Nos entrego copia de la agenda de la reunión del Consejo Político de la IS programada para el 23 y 24 en Ginebra y prometió ayudarnos a hacer el lobby necesario para el éxito de nuestro propósito. Salimos de la sede del PSOE directo para una rueda de prensa que fue generosamente cubierta por los medios de comunicación españoles dando a conocer la proximidad de los acuerdos y el papel del gobierno Español en los mismos.

Esa noche viajé a Paris y a la mañana siguiente muy temprano, nuevamente Gabo al teléfono: “Danielle Mitterrand te espera a las once en la fundación France Libertes”. Cuando llegué acompañado de Rodrigo Restrepo, nuestro representante en Paris, ella se encontraba con Catherine Legna, su secretaria privada. Le informamos de la inminencia de los acuerdos de paz en Colombia, nos instó a dar ejemplo de tolerancia en esta nueva etapa de nuestra vida política y nos ofreció posibilidades de apoyo a proyectos que fortalecieran los nuevos escenarios de la democracia en Colombia.

Por la tarde estuvimos en el Palacio Elíseo y en la sede de la cancillería, donde fuimos recibidos por Jean Naves, Ministro delegado para América Latina junto con su asesor para Colombia. Intercambiamos opiniones sobre la situación en Centroamérica y Colombia, resaltó la importancia de escoger a la IS como receptora de las armas, reiterando el apoyo del gobierno Francés al proceso de paz, el cual se haría publico en el pronunciamiento oficial del día siguiente.

El miércoles 22 de noviembre fui recibido en Estocolmo por Eric Hammarskjuld, jefe del Departamento Político del Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia. En el trayecto hasta el hotel me comento del enorme interés con que el Gobierno de Suecia venia haciendo seguimiento de la evolución de los acontecimientos en Colombia y Centroamérica. Mas tarde, en su oficina, me explico la decisión oficial de orientar programas de cooperación sueca en apoyo a los acuerdos que estaban a punto de gestarse.

BERLIN Y LAS ARMAS: SE DERRIBAN DOS MUROS

Por la noche, cuando me retiraba a descansar la llamada puntual de Gabo me confirmaba: “pasado mañana viernes, Willy Brandt estará en la reunión de la IS en Ginebra. Allí se debe confirmar su decisión de presidir la Comisión Internacional de paz para Colombia”. Colgué y en seguida me invadieron múltiples imágenes y pensamientos sobre la vida de este líder de la política mundial. Dirigente indiscutible de la socialdemocracia germano – occidental y del socialismo europeo. Nacido en el seno de una familia humilde, reivindicaba la dignidad del ser humano y la necesaria coexistencia pacifica entre los pueblos.

Desde su exilio en Noruega y en los foros internacionales se pronuncio siempre a favor de los oprimidos. Dirigió los destinos de Alemania desde el Bundestag y la Cancillería Federal y supo mostrar al mundo su política exterior, la Ostpolitik, considerada como un llamado a la solidaridad y la paz universales. Recordé las palabras del Presidente de la RFA Richard Von Weizsacker, que había leído días antes en un diario alemán, cuando afirmo que su vida es el “destino alemán de este siglo, en sus guerras y en la paz, en casa y en el extranjero, bajo la tiranía y en la libertad… Una vida llena de riesgos, marcada por avances positivos, duros retrocesos y nuevas orillas”

Al día siguiente jueves 23 de noviembre, a las 10:30 en punto de la mañana, en el aeropuerto de Ginebra, estaba esperándome Melanie, una escultural traductora nacida en Londres, hija de padre Belga y madre Suiza, a quien años antes había conocido en una conferencia de las naciones unidas. Su interés por el tema colombiano y latinoamericano era evidente. Me acompaño a instalarme en el hotel y en la tarde nos desplazamos al centro de convenciones del Hotel Hilton, en donde se daría inicio a la reunión de la internacional socialista. En el pasillo me encontré primero a Rolando Araya, Secretario General de Liberación Nacional de Costa Rica y con quien había estado departiendo diez días antes en San José, luego con Helena Flores, quien muy entusiasmada me comento que ya había hablado con varias delegaciones sobre el caso de nuestro país.

Esa tarde nos reunimos con comisiones provenientes de diferentes partes del mundo y en las horas de la noche con Betino Craxi, líder de la social democracia europea y primer Ministro de Italia. La conversación fue meramente protocolaria ya que parecía no tener muy claro el carácter del conflicto colombiano, sus prioridades eran la situación del medio oriente y los efectos del derrumbamiento del muro de Berlín.

En la mañana del viernes 24 de noviembre continuamos haciendo lobby sobre los acuerdos de paz y la necesidad de conformar la Comisión Internacional para recibir las armas. Era un lobby muy fuerte, por primera vez en cuarenta años se encontraban en un evento de la IS los delegados de las diferentes formaciones de la socialdemocracia de la República Democrática Alemana, recién reintegrada con motivo de la caída del muro de la infamia. Pocas semanas atrás se había refundado el partido Socialdemócrata de la RDA y allí estaban los lideres de “Democracia Ahora” , “Nuevo Foro” y “Despertar Democrático” que representaba lo mas granado del nuevo renacer democrático alemán.

Luís Ayala, secretario general de la IS se me acercó y hablándome al oído me comunicó que a las tres de la tarde tendría lugar al esperado contacto por Willy Brandt. De inmediato junto con Melanie y Abraham Rubio quien se trasladó desde Madrid para asistir a esta cita, nos pusimos a ultimar los detalles finales de la propuesta y el documento elaborado en Caracas y que seria entregado al dirigente alemán.

A la hora indicada entramos a un reservado del hotel donde se encontraba Willy Brandt acompañado de un asistente. Luís Ayala nos presentó y luego se retiró. Melanie, en un impecable alemán, empezó a traducir mis palabras de saludo y agradecimiento por su aceptación para presidir la comisión internacional que recibiría las armas del M-19. Le trasmití un mensaje especial de nuestro Nobel de literatura Gabriel García Márquez y del Presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez. Luego tomo la palabra, primero se refirió al significado universal de la literatura colombiana representada por Gabriel García Márquez y posteriormente, pensando que Melanie pertenecía al M-19, hizo alusión a la perfección con que los guerrilleros colombianos hablaban en alemán.

Su rostro reflejaba las emociones de los recientes sucesos de Berlín. Empezó por señalar los cambios que se estaban produciendo en el mundo. Estaba realmente impactado con la caída del muro de Berlín y no vacilo en comparar el hecho con lo que estaba ocurriendo, a otro nivel, en Colombia. “todo lo que sea avanzar en la paz en cualquier parte del mundo, beneficia a la humanidad”, nos dijo. Y luego expreso su deseo de visitar Colombia para recibir las armas y contribuir a la paz de América Latina.

Embebido en una disquisición sobre la política mundial se refirió a que el entendimiento tendría que ser la salida final en Centroamérica. Y cuando le entregué el documento con las recomendaciones sobre la conformación de la comisión internacional, hizo un paralelo del muro de Berlín con la situación colombiana y pronuncio casi las mismas palabras que conmovieron a los asistentes a la plaza Kennedy de Berlín catorce días antes: “nada volverá a ser como antes. Eso quiere decir que tampoco nosotros, en occidente, seremos medidos por nuestro discurso mas o menos hermoso de ayer, sino por lo que hagamos hoy y mañana, por lo que estamos dispuestos y en condiciones de aportar, intelectual y materialmente. Espero que nuestros cajones no estarán vacíos en lo que concierne a las ideas. Espero que las cajas darán algo de sí. Y espero que el calendario dejara tiempo para lo que ahora tiene que ser. La disponibilidad, no a señalar con el dedo, sino a la solidaridad, al equilibrio, al recomienzo, va a ser puesta a prueba”. Y luego remató “ustedes también son parte de lo nuevo que esta surgiendo porque se atrevieron a derrumbar el muro de las armas”.

Muy afable nos felicitó y se despidió recordándonos que para diciembre, en la fecha prevista, estaría en Colombia contribuyendo a derrumbar ese otro muro que era la violencia. Felices del resultado de nuestra entrevista con esta figura cimera de la política mundial nos fuimos en la noche a una gran fiesta que se celebraba en solidaridad con los pueblos de América Latina. Extenuados de hablar y bailar a ritmo de sones latinos llegamos al amanecer a Lausana, capital del Cantón de Vaud, a orillas del lago Leman, donde residía Melanie. Quedamos profundos y solo nos despertaron las campanas milenarias de una catedral vecina construida en el siglo X.

El domingo siguiente regresé a Madrid y el lunes 27 de noviembre me reuní de nuevo con Helena Flórez en la calle Ferraz, para hacer el balance de las gestiones y diseñar los preparativos del viaje a Colombia de la comisión Internacional. Al día siguiente viajé a México y el miércoles 29 estaba, otra vez, sentado en el estudio de Gabo en ciudad de México. Fueron tres horas de una grata conversación que solo me confirmaron que estaba frente a un hombre excepcional, igual o superior a todos los que había conocido en esos días intensos de noviembre.

Los días restantes de esa semana los dediqué a atender una agenda muy apretada que había preparado Rafael Vergara con miembros del gobierno y la dirigencia política de México.

La memoria de los niños es un prodigio. Mi hija Liliana me recordó un suceso que resulto mágico e insólito a la vez en una ciudad de más de veinte millones de habitantes. La noche del sábado dos de diciembre tenía una cita con Gabo en su casa del pedregal a las 7:30 de la noche. Pasaron dos horas y el escritor no llegaba. Cuando nos íbamos, apareció en la puerta diciendo: “este mundo en muy pequeño. De haberlo sabido no los hubiera hecho venir hasta acá y todos estaríamos en la fiesta de donde vengo”. Nos comento que venia de la casa de unos amigos en donde estaban celebrando la terminación de la película “Mi Querido Tom Mix”, realizada por una alumna de su taller de guiones. Infructuosamente intento varias veces retirarse, aduciendo que tenia una cita urgente a la cual no podía dejar de llegar.

Ante la renuencia de los invitados a permitirle la partida y creyendo que si develaba el secreto de su cita nadie lo detendría se levantó y dijo “Un dirigente del M-19 me espera. Me voy”. Los anfitriones de esa noche Carlos, director de cine y Gracia una pintora desde su niñez, se lo llevaron del brazo hasta la puerta y allí le confesaron que al frente, tan solo a cinco metros de distancia, vivían las hijas de la persona con quien tenia la cita. Efectivamente, Carlos y Gracia fueron los padres adoptivos de mis hijas durante mis prolongadas ausencias.

El lunes cuatro de diciembre viaje a San José y después a Panamá, en donde la situación se hacia cada vez mas tensa. Dos días más tarde tomé un vuelo rumbo a Lima, en donde me esperaba Armando Villanueva, quien fungía como Primer Ministro del Perú. Lo había conocido en las sesiones de invierno de 1986 de la comisión de derechos humanos de las naciones unidas en Ginebra. Después de una polémica reunión en plenaria de la comisión sobre el caso de su país me lo presentaron y acordamos viajar juntos en el TGV a Paris. Tenia conocimiento que estaba acompañado por su esposa y reserve mesa en el vagón restaurante. Tomamos el tren de medio día y llegamos a nuestro destino tres horas y quince minutos mas tarde, casi sin darnos cuenta. Entre quesos suizos y vinos franceses trabamos una amistad que aun perdura.

Su chofer me recogió en el aeropuerto y me llevó directo a su despacho de Primer Ministro. Después de saludarnos efusivamente, me dijo: “ve al hotel y descansa que esta noche tenemos cena en mi casa. Te espero”. Asistieron algunos ministros y varios miembros de la alta dirigencia del APRA, partido en el poder que ya registraba un alto índice de impopularidad por la grave crisis que enfrentaba la economía del país. Cuando estábamos en el ultimo brindis, Armando Villanueva me paso el teléfono y me dijo: “contesta que es Gabo”. Después de contarme que había estado hablando con Willy Brandt me comento que acababa de conversar telefónicamente con Alan García y al despedirse agrego: “Alan te espera mañana en el Palacio”.

Cuando entraba al palacio presidencial a la mañana siguiente, por la misma puerta salía una delegación inglesa acompañada de una traductora que resulto ser Melanie. No vaciló un minuto y se devolvió para acompañarme. Saludé al presidente, y él un tanto extrañado por la presencia de Melanie, le dijo: “señorita, tal vez usted esta equivocada. La delegación inglesa ya se fue”. Melanie dudo un instante y luego, sin percatarse que todos hablábamos español, contesto en un tono suave y típico de los traductores profesionales: “señor Presidente, soy traductora de los colombianos desde hace varios años y estoy aquí para hacer la traducción”. Todos nos sonreímos y coincidimos por un instante en la belleza de sus encantos.

El presidente García no ocultaba las dificultades por las que atravesaba su país. Valoraba sin embargo, en alto grado los pasos “muy positivos” que se estaban dando en Colombia para avanza en los procesos de paz. Preguntaba por los detalles de este esfuerzo y luego reflexionaba preguntándose si no seria posible intentar desatar una situación similar con el grupo Sendero Luminoso. Ahondamos en las diferencias ideológicas profundas e irreconciliables que teníamos con ese grupo extremista. El presidente comprendió mejor la naturaleza pluralista, democrática y el pensamiento Bolivariano del M-19. Melanie le comento en detalle la reunión con Willy Brandt en Ginebra. Al final nos manifestó su admiración y apoyo a los acuerdos de paz, lo cual haría publico horas mas tarde en declaraciones a la prensa internacional.

EL FIN DE NORIEGA Y DE LA COMISIÓN INTERNACIONAL

Ese fin de semana regrese a Panamá en donde la situación se tornaba aún más crítica para Noriega. La tarde del domingo almorcé en casa de Vicky Amado, una mujer de quien se afirmaba mantenía relaciones sentimentales con el general. Vivía en una casa fiscal ubicada en la zona del canal que hacia parte de los bienes que los Estados Uníos estaban devolviendo en virtud de los acuerdos Torrijos-Carter que preveían la devolución definida del canal a Panamá. El general había anunciado su presencia para las horas de la tarde, pero nunca llego. “Por razones de seguridad, la cosa con los gringos esta muy dura”, musitó la mujer acompañándome hasta la puerta para despedirme.

Entre tanto, en Colombia la evolución de los acontecimientos ponía en serio peligro la cristalización de los acuerdos previstos para el mes de diciembre. En efecto, la reforma constitucional en curso en el Congreso que incluía buena parte de los temas contenidos en el pacto político por la paz y la democracia, la cual había sido firmada por los partidos políticos, la Iglesia Católica, los presidentes de las cámaras legislativas y el M-19 y de la cual dependía la legislación de los acuerdos de paz, sufrió graves tropiezos a raíz de la inclusión de la extradición de colombianos en el temario del referéndum.

El lunes once de diciembre, viajé temprano a San José, en donde me entrevisté con el presidente Oscar Arias y le informé sobre las dificultades que estaban surgiendo. En la noche volé a Londres, sede de la Secretaria General de la IS para coordinar con Luís Ayala los detalles finales de la composición y responsabilidad de la Comisión Internacional que viajaría a Colombia presidida por Willy Brandt. Melanie me estaba esperando en el aeropuerto y me hizo saber de su conversación minutos antes con Bogotá; “la reforma se hunde y con ella los acuerdos de paz”, me dijo. El miércoles en la mañana desayunamos con Luís Ayala y le comentamos los obstáculos de última hora que seguramente obligarían a un aplazamiento de la firma de los acuerdos y la entrega de las armas a la Comisión Internacional. El Secretario General de la IS se cogió la cabeza y nos dijo: “imposible…el año entrante es totalmente imposible. La agenda de Willy Brandt esta comprometida hasta agosto”.

En la tarde viajamos a Madrid con todo el peso de la incertidumbre suscitada por los hechos muy confusos que sucedían en Bogotá. Al llegar al hotel, sonó el teléfono…” se jodió la vaina” me dijo Gabo y agrego; “el año entrante Willy Brandt no puede estar en Colombia”.

Al medio día del jueves 14 de diciembre, extrañamente, estaba nevando en Madrid. El conserje del lobby del hotel se me acerco y me comunico que tenia una llamada de Caracas. Era Beatriz Rangel anunciándome que el presidente me quería hablar. La voz sonora de Carlos Andrés Pérez me saco del frió madrileño: “es urgente que se venga a Caracas en el primer vuelo que pueda. Aquí lo espero”. Cuando descendí del avión, el viernes 15 en la tarde, Diego hijo de Iván Marino Ospina y Adriana, una joven periodista recién vinculada a un diario caraqueño, me confirmaron lo que ya se veía como inevitable, la reforma se hundió y los acuerdos se aplazaban.

Al día siguiente, el Presidente me esperaba ansioso. En una corta introducción me comento lo que había sucedido el día anterior en el Congreso de Colombia, “por el momento no hay acuerdo, ya veremos si Willy Brandt nos puede acompañar el año entrante” me dijo, cerrando la primera parte de sus palabras.

Luego se refirió a lo que estaba sucediendo en Centroamérica y desembocó en la crisis de Panamá que consideró “muy grave”. A renglón seguido hizo un recuento de los continuos errores en que incurría Noriega. Estaba tenso y hasta cierto punto molesto porque el general no quería aceptar que la invasión era inminente. No entendía como siendo Noriega un hombre formado por los organismos de inteligencia norteamericanos subestimaba su poderío y decisión de derrocarlo. Aseguro que al panameño le quedaban pocos amigos y escasos días en su poder ya muy debilitado. Me sorprendió, entonces, cuando muy minuciosamente se refirió a la estrecha amistad que había existido entre Jaime Bateman, fundador del M19 y el hombre fuerte de Panamá, el general Omar Torrijos. Con mucha propiedad afirmo que siempre habíamos sido bien acogidos en Panamá. Se levanto de su silla y, observándolo atentamente, me corrió por el cuerpo un intenso escalofrió cuando señalo que el M-19 era uno de los pocos amigos que le quedaban.

Me hizo ver la importancia de buscar una salida incruenta en Panamá. Le preocupaba que la intervención americana se leyera como un nuevo hecho de agresión contra los pueblos latinoamericanos. Luego, como si se tratara de algo ya decidido, sentencio: “A Noriega no le quedan mas de 72 horas. Es necesario que viaje mañana mismo y le haga saber que solo tiene una salida digna, entregar pacíficamente el poder y viajar al exilio. Venezuela le puede servir de transito para su retiro”.

El lunes 18 de diciembre muy temprano estaba en Panamá. Me reuní con Rosemberg Pabón, quien desde hacia días permanecía en un sitio cercano a Ciudad de Panamá en contacto con el gobierno, haciéndole seguimiento a la evolución de los acontecimientos. Intercambiamos información sobre las gestiones internacionales realizadas en los últimos días y concluimos que definitivamente la conformación de la Comisión Internacional presidida por Willy Brandt se había frustrado.

A continuación nos adentramos de lleno en lo que acontecía con los americanos. Afirmo que la dirigencia gubernamental se encontraba prácticamente en la clandestinidad. Le comente en extenso mi conversación del sábado anterior con el presidente Carlos Andrés Pérez y su interés da darle una salida a Noriega que evitara la invasión. Me advirtió que el General no solo estaba inaccesible sino reacio a cualquier opción de exilio porque realmente estaba convencido que sus “amigos” norteamericanos, a quienes había ayudado en muchas ocasiones y conocía bien, jamás entrarían por la fuerza en Panamá.

Convinimos en hacer esfuerzos, a través de nuestros respectivos contactos, para localizar al General Noriega y transmitirle el ofrecimiento de Carlos Andrés Pérez. Sabíamos que estábamos contra el tiempo, porque según todas nuestras fuentes la invasión era cuestión de horas. Llame a Gabo y me dijo: “se le van a meter”. Ese día fueron infructuosos todos nuestros esfuerzos, Noriega no apareció por ninguna parte.

Tenia reservada, sin embrago, una ultima opción para la mañana del día siguiente. Fue un encuentro fugaz, de no más de tres o cuatro minutos. Parecía seguro de lo que hacia y mostraba una cierta disposición a dirigir una batalla con fuerzas que ya, a esa hora, no lo acompañaban. Con la actitud propia de los hombres obnubilados por los excesos del poder no vaciló en decir, “dile a Carlos Andrés que esté tranquilo, que aquí no pasa nada”. Me di cuenta que actuaba sobre supuestos totalmente equivocados, seguramente producto de acciones de contrainteligencia que le mostraban otro panorama. Este hombre que había aprendido las destrezas propias del espionaje y contraespionaje en las altas academias de inteligencia militar de los Estados Unidos, caería en los días siguientes, victima de sus propios métodos y procedimientos no muy ortodoxos.

En la noche de ese 19 de diciembre de 1989, cuando despegaba el vuelo y vi caer las primeras bombas sobre el centro de Ciudad de Panamá, apreté entre mis brazos a Juana Paola mi pequeña hija y a Andrés, mi hijo de apenas 16 meses de nacido, y emocionado pensé largamente en las palabras de amor y esperanza que Gabo había escrito en uno de sus libros a sus hermanas cuando interrumpieron nuestra conversación en su estudio de México.

El referéndum y la circunscripción especial de paz, prevista para garantizar la representación política del M-19, se hundieron en el Congreso. Sin embargo el M-19 fiel a su compromiso con Colombia, dejo las armas y sin ventaja alguna firmo los acuerdos de paz el 9 de marzo de 1.990.

Everth Bustamante García

8 comentarios en “Testimonio de Everth Bustamante, homenaje a Gabo: BITÁCORA DE UNA PAZ ANUNCIADA

  1. Aunque en alguna ocasión, hace unos años tuve la oportunidad de escuchar del protagonista parte de la historia, leerla completa es emocionante y se entienden mejor muchos acontecimientos mundiales acaecidos por aquellos años.

    Everth, gracias por compartir de nuevo con nosotros este fascinante relato de la historia.

  2. Nunca se dejará de aprender y todo con base en la lectura, aprendí muchísimo al igual que comprendí mis reuniones con el Dr. Everth hasta ahora, por medio de este escrito. Excelente

  3. definitvamente DISO ES GRANDE Y USA A SUS ESGODIOS EN MISIONES TRASCENDENTALES.LA HISTORIA Y ELTIEMPOO CUENTANLA GLORIA DE DIOS EN CADA PROCESO QUE NOS HACE VIVIR.

  4. Vivir para aprender: espero que el calendario dejara tiempo para lo que ahora tiene que ser. La grandeza de Gabo y su mensaje de vida, Dr Everth, nos compromete intelectual y materialmente, para aportar lo mejor a la causa que usted representa. Un fraterno saludo. Augusto

  5. Estimado Dr Everth, un relato espectacular, que bueno es conocer la historia. Sobretodo de primera mano. Un gran saludo. Alejandro.

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