El Centro Democrático, las elecciones y la política de alianzas

Bogotá, 27 de Marzo de 2017. Probado el total desprestigio en que se debate el gobierno de Juan Manuel Santos como consecuencia de su claudicación ante las Farc, el fracaso de su gestión económica y el altísimo grado de corrupción solo comparable con la corrupción del gobierno Samper y su proceso ocho mil, el país empieza a proyectar en el horizonte, la búsqueda de alternativas para salir del atolladero en que lo está dejando el actual gobierno.

Los distintos grupos, movimientos y partidos que conforman la coalición de apoyo al gobierno de la mermelada ya se fraccionaron en, por lo menos, cuatro sectores con sus propios precandidatos o candidatos presidenciales. Hasta el momento, lo que están asegurando dado su enorme desprestigio, es una contundente derrota en las elecciones del año 2018.

El péndulo ahora se dirige al único sector social y político que desde el 2010 viene actuando, por primera vez durante los últimos 50 años, como una oposición coherente basada en valores, principios y propuestas de alternativa democrática de la mano de un amplio apoyo popular y sin caer en las condenables prácticas politiqueras que caracterizaron la política nacional, de tranzar por puestos, favores, dádivas y contratos, las expresiones opositoras que terminaban frustrando las expectativas y esperanzas de los colombianos.

El Centro Democrático, la verdadera alternativa de poder:

En relativamente corto tiempo, el Centro Democrático logró proyectarse como una verdadera alternativa de poder, frente a las prácticas y políticas desastrosamente decadentes de una variopinta coalición de grupos y partidos que van desde las Farc, pasando por el populismo de izquierda en sus distintas variantes, hasta los obsoletos partidos tradicionales liberal-conservador reciclados en el gamonalato clientelista y corrupto del denominado partido de la U.

En escasos tres años y medio, el Centro Democrático ha elegido una bancada de 39 congresistas, convertida en la más disciplinada, rigurosa y coherente del parlamento colombiano; ganó la primera vuelta presidencial del 2014 y perdió la segunda vuelta por escasos setecientos mil votos diferencia que, hoy se sabe, fue producto de la escandalosa trampa y corrupción de Juan Manuel Santos que recién ahora está conociendo el país en su exacta dimensión. En las elecciones territoriales del 2015 se eligieron más de 550 concejales, 58 alcaldes, 38 diputados, un gobernador y varios en alianza.

Un año más tarde, el 2 de octubre del 2016, el Centro Democrático como columna vertebral de un enorme movimiento ciudadano, al cual se integraron sectores del partido Conservador, cristianos de varios matices, académicos, intelectuales, periodistas y millones de ciudadanos independientes, propinó el más duro golpe a los lesivos Acuerdos de la Habana, inspirados por la alianza Farc-Santos, mediante el rotundo triunfo del NO en el plebiscito y como un contundente rechazo al contenido antipopular de los mismos.

En este momento, seis meses más tarde, los colombianos nos preparamos para realizar el 1 de abril la más grande movilización ciudadana de la que se tenga noticia en los últimos 100 años, vertebrada por el Centro Democrático y convocada por el liderazgo indiscutible del ex presidente y senador Álvaro Uribe Vélez. Esta marcha se convertirá en la notificación definitiva al destartalado y corrupto régimen de Juan Manuel Santos, de que el colombiano es un pueblo que se pone de pie cuando se le intenta arrodillar y someter ante las minoritarias fuerzas de la antidemocracia, la violencia y el terror.

Más allá de las especulaciones interesadas y mediáticas que intentan definirlo como un partido de derecha, el Centro Democrático constituye la nueva fuerza social y política que ha logrado instalarse en el corazón y en el alma de nuestra nación. Fundamentado programáticamente en la exitosa gestión gubernamental del gobierno Uribe, en temas cruciales como la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social, logró devolver la confianza y la esperanza a los colombianos.

Un Centro político alejado de los ideologismos de derecha e izquierda y de los populismos redentoristas, cuya tarea central es la recuperación y consolidación de la institucionalidad democrática totalmente resquebrajada y descuadernada por el gobierno Santos; el diseño de reglas de juego totalmente garantistas para todos los ciudadanos y de igualdad ante la Ley; el rediseño del poder judicial bajo el gobierno de una gran Corte como lo propone el ex presidente Uribe y que no se degrade colocándose al servicio de la politiquería y de intereses subalternos como los agenciados por el actual gobierno. En fin, un Centro político soportado en valores esenciales y principios humanitarios como la gestión del bien común, fundado en el Estado comunitario concebido como una democracia productiva, justa, incluyente, segura, sostenible y soberana.

Las elecciones de 2018

La elección presidencial del 2018, es la oportunidad que tenemos los colombianos para retomar el rumbo y corregir los graves desaciertos de la política económica y la claudicación de Santos ante las Farc.

El Centro Democrático cuenta con un abanico de precandidaturas que demuestra su capacidad para promover nuevos liderazgos capaces, con sólida formación política y con un amplio conocimiento sobre la complejidad de la problemática nacional. Es imprescindible que el Centro Democrático le presente al país una candidatura propia, solvente, capaz, fresca, renovadora, limpia, surgida de las entrañas mismas del Uribismo. La ciudadanía puede estar tranquila, hay de donde escoger.

El partido debe garantizar la escogencia del mejor mecanismo democrático para la nominación de nuestro candidato a la presidencia de la república, un mecanismo que permita la más amplia participación de todos los ciudadanos que deseen intervenir en esta decisión clave para el futuro de Colombia. Debe ser un mecanismo, una regla del juego limpia y transparente que demuestre nuestro compromiso de cambio y del cual salgamos sólidamente unidos para asumir el reto que han impuesto las circunstancias.

Personalmente estoy convencido que esa opción la representa el senador Iván Duque, figura cimera de las nuevas generaciones deseosas de irrumpir en el escenario político nacional para encarar el reto de consolidar un proyecto político de centro, capaz de aglutinar los más diversos sectores económicos, sociales y políticos que demandan una visión de sociedad y Estado inspirada en el bien común, la libertad, la autoridad, la productividad, el emprendimiento empresarial y la solidaridad que fortalezca la necesaria cohesión social.

Un presidente que encarne la almendra del Uribismo y del Centro Democrático y una figura para la Vicepresidencia que represente y simbolice la confluencia de las diferentes expresiones y matices que se manifestaron en el triunfo del 2 de octubre del 2016.

La política de alianzas

En la actual coyuntura, una exitosa política de alianzas debe tener en cuenta el cambio de roles que se están produciendo en el relacionamiento en el seno de la sociedad colombiana.

Un primer aspecto que debe tenerse en cuenta, es el papel cada vez más protagónico que juega la ciudadanía; la sociedad civil interactúa, fundamentalmente, sirviéndose de las nuevas tecnologías y medios alternativos de comunicación. En este sentido una buena alianza, en primera instancia, debe reflejar el estado de ánimo, la receptividad y las tendencias de las expresiones ciudadanas. La alianza del Centro Democrático, prioritariamente, debe ser con los ciudadanos. Una opción de esta naturaleza debe permitirnos penetrar en las zonas oscuras del abstencionismo para llegar con el nuevo mensaje de esperanza y conquistar nuevos y amplios respaldos electorales.

Un segundo aspecto a tener en cuenta, son las alianzas con partidos y movimientos políticos. Aunque algunos, como el partido conservador en su sector oficialista, han estado pegados de la mermelada, las dadivas y los favores contractuales y burocráticos del gobierno Santos, es necesario resaltar que un sector importante de sus bases y de la dirigencia histórica, han mantenido una postura crítica e independiente que les ha valido su reconocimiento como actores destacados e importantes de la lucha contra el gobierno Santista.

Con ellos, al igual que con personalidades públicas independientes opositoras al régimen, con las iglesias cristianas, con las juventudes, con las mujeres, con los trabajadores, con los empresarios, con los campesinos, con los profesionales, etc., habrá que tejer el entramado de esa gran alianza ciudadana por la transformación, el cambio y un futuro diferente.

Senador Everth Bustamante.

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